Bailar bailando:¡el cuerpo lo es todo!.
- Cristian David Gutierrez Rojas
- 26 may
- 3 Min. de lectura

“Mi cuerpo danzante es tan posible
como el de mi imaginación.
Mi danza lo es todo.
Mi cuerpo lo es todo.”
[...] “La danza surge como el epicentro de esta reflexión, al centrarse y descentrarse, al concebirse desde el cuerpo. Más allá de ser una expresión artística, la danza se transforma en una manifestación de la comunicación. La danza es un dispositivo que despliega un abanico de posibilidades, desde su materialización tangible (el cuerpo y el movimiento) hasta su propagación y narración. En este contexto, la danza y el baile se erigen como dispositivos fundamentales para la interacción social. Permiten que el cuerpo y sus sensibilidades se conviertan en la materia prima misma de la expresión, dotando de autenticidad y profundidad a la comunicación no verbalizable.
Imaginemos cada cuerpo como un hilo compuesto por hebras que nos invita a contemplar su coreografía de memorias que develan las interconexiones con sus comunidades, sus territorios y sus metamorfosis. Concebir el cuerpo como un dispositivo expresivo implica una revalorización profunda de las memorias personales y su actualización constante a través del movimiento, esto convocado por las circunstancias propias de la cotidianidad. Estas coreografías de la cotidianidad son las sustancias mismas que dan vida a los matices de las hebras que constituyen el cuerpo en constante mutación. Este, a su vez, posee la capacidad única de tejerse y destejerse según las sensibilidades, los sentipensamientos y las necesidades inherentes a su naturaleza de ser siendo.”
[...] “Esta conciencia del hacer haciendo, del enaccionar desde el arte mismo y desde el cuerpo mismo, ha dejado una fuerte impronta en mis formas de apreciar la cotidianidad y, por ende, mi cuerpo en ella. Logra revelar en el día a día presencias, símbolos, patrones y dinámicas que me seducen de tal manera que se convierten en pretextos para mis gestos creativos. Esta reimaginación del cuerpo y su expresión a través de la danza no solo enriquece nuestro entendimiento de la corporeidad, sino que también destaca la importancia del arte como un medio intrínseco de comunicación humana, subrayando la danza como una forma excepcional de traducción de la experiencia vivida y compartida.
Además, Zapata (Luis Fernando Zapata Abadía) tenía un fuerte interés en dos tropos recurrentes en su quehacer. El primero radica en los constructores de lo femenino y masculino, explorando cómo el cuerpo puede transformarse según las cargas energéticas que posea o necesite. El segundo se centra en las reflexiones sobre la danza butoh, especialmente en el principio del ma, un término japonés que se traduce como “espacio entre”. Este lugar de no lugar, donde no se es completamente una sola cosa, permite que el cuerpo sea movilizado por sus sensibilidades y necesidades expresivas.
Durante mis entrenamientos en esta danza con el maestro Giohey Zaitsu en 2015, logré empezar a develar las vibraciones de muerte y vida que residían en mi interior y que impulsaban mis acciones. Resignifiqué las experiencias de guerra y violencia, amalgamándolas con otras memorias y otorgándoles matices y profundidades que me han permitido revalorar y reinterpretar mi relación con la vida y la muerte, integrándolas como parte fundamental de mi expresión artística.
Danzar desde el cuerpo es conferirle materialidad, memoria, peso... haciendo tangible la danza efímera y ligera. Es convertir la abstracción en materia, validar la experiencia del ser siendo y no concebirlo como un cuerpo máquina que realiza operaciones. El cuerpo tejido se actualiza constantemente, dando lugar a que sus formas de presentarse y relacionarse con lo humano y no humano también se transformen. Por lo tanto, la danza está viva y muerta; el gesto danzado en la cotidianidad es la manifestación de la relación entre el cuerpo, que es movilizado por la vida y la muerte, y cuyas concepciones varían según las cosmologías propias de cada comunidad. Estos consensos se confirman y diluyen según los relevos generacionales de las comunidades, transformando las maneras de concebir el cuerpo, sus funciones y sus posibilidades expresivas.
De allí nace mi invitación a agotar la danza, fatigar el cuerpo, atomizar las identidades y posibilitarse desde la inmediatez del día a día. Que mi danza como arte permita el devenir de mis ancestralidades, mis común-unidades, mis afectos y mis singularidades que dan cuenta, a su vez, de mis conciencias políticas, éticas y estéticas. A través de mi práctica artística, convierto mis gestos creativos que encapsulan mis conexiones interpersonales, dependiendo del arte para dar forma a las cosmologías collage que busco expresar.” [...]








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